Trastornos de la conducta alimentaria en Puerto Rico: Más comunes de lo que pensamos

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son condiciones complejas que pueden afectar la alimentación, la percepción del cuerpo, las emociones, las relaciones y la vida cotidiana. Estos incluyen diagnósticos como la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón, entre otros (American Psychiatric Association, 2022). Sin embargo, es importante reconocer que el malestar con la comida y el cuerpo puede comenzar mucho antes de que una persona cumpla con los criterios necesarios para recibir un diagnóstico formal.

La magnitud del problema: ¿Qué nos dicen los datos?

Para entender la magnitud de esta situación, la National Eating Disorders Association (NEDA), utilizando estimados del informe de Deloitte Access Economics (2020), señala que aproximadamente el 9 % de la población de Estados Unidos (alrededor de 28.8 millones de personas) tendrá un trastorno de la conducta alimentaria a lo largo de su vida. El mismo informe estimó una prevalencia de vida del 8.60 % entre las mujeres y un 4.07 % entre los hombres. Aunque estas cifras no deben trasladarse automáticamente a Puerto Rico, sí evidencian que nos enfrentamos a un problema de salud pública que afecta a millones de personas y que tiene un impacto particular sobre las mujeres (Deloitte Access Economics, 2020; National Eating Disorders Association, s. f.).

¿Y qué sabemos sobre nuestra realidad en Puerto Rico? Sabemos menos de lo que necesitamos. Al revisar la literatura sobre TCA en poblaciones latinas del Caribe, se encontraron pocos estudios, lo que señala la necesidad urgente de ampliar la investigación en nuestra región (Reyes-Rodríguez et al., 2023). Esta falta de datos poblacionales amplios limita nuestra capacidad para establecer con precisión cuántas personas viven con un TCA en Puerto Rico.

No obstante, esto no significa que el problema esté ausente. Un estudio realizado con 2,163 estudiantes de primer año de la Universidad de Puerto Rico encontró que:

  • El 9.59 % alcanzó o superó el punto de corte clínico en una prueba de actitudes y conductas alimentarias de riesgo (EAT-26).
  • El 3.24 % alcanzó el punto de corte en una medida de sintomatología bulímica (BULIT-R) (Reyes-Rodríguez et al., 2010).

Aunque estos resultados no equivalen a un diagnóstico clínico, nos alertan sobre la presencia de conductas y preocupaciones alrededor de la alimentación y el cuerpo que necesitan ser reconocidas y atendidas.

La severidad que no siempre se nombra

Hablar de los TCA también implica reconocer su severidad. En Estados Unidos se estimó que aproximadamente una persona moría cada 52 minutos por causas asociadas con los TCA (Deloitte Access Economics, 2020). Asimismo, un metaanálisis de 36 estudios encontró tasas de mortalidad particularmente elevadas entre las personas con TCA, especialmente en casos de anorexia nerviosa (Arcelus et al., 2011). Este alto riesgo está íntimamente relacionado con las complicaciones médicas derivadas de la desnutrición severa y, por otra parte, con el riesgo de suicidio.

Nombrar esta severidad no tiene un fin alarmista. Su propósito es romper con el estigma y la idea equivocada de que los TCA son una fase, un capricho, una dieta llevada al extremo o una preocupación superficial por la apariencia. Son condiciones de salud graves que pueden poner la vida en riesgo y que necesitan atención temprana, acceso a tratamiento y un acompañamiento libre de juicios.

No tenemos que esperar a un diagnóstico

Es común imaginar solamente las manifestaciones más visibles o severas de los TCA, lo que lleva a muchas personas a minimizar sus sentimientos pensando que «lo suyo no es suficientemente grave». Pero no hay que llegar a ese extremo para prestar atención.

Existen experiencias a las que vale la pena prestar atención cuando comienzan a generar sufrimiento o a limitar nuestra vida cotidiana:

  • La inconformidad o el rechazo persistente hacia el propio cuerpo.
  • El compararse constantemente con otros cuerpos.
  • Sentir culpa, ansiedad o preocupación constante alrededor de la comida.
  • Evitar actividades o tipos de ropa debido a cómo percibimos nuestro cuerpo.
  • Pasar gran parte del tiempo pensando en cómo modificar nuestra apariencia.

Estas señales no significan automáticamente que exista un TCA, pero revelan que algo en nuestra relación con el cuerpo o la alimentación nos está haciendo daño y no necesitamos un diagnóstico para buscar ayuda.

Además, estas problemáticas no ocurren en el vacío; vivimos en una cultura que nos dicta constantemente qué cuerpos son bellos, saludables, aceptables o deseables. Los patrones de alimentación desordenada deben comprenderse atendiendo a los procesos sociales y de género que moldean nuestra experiencia corporal (Piran & Cormier, 2005). La teoría de la objetivación plantea que, en una sociedad que evalúa el cuerpo femenino por su apariencia, las mujeres pueden internalizar esa mirada y aprender a vigilar sus cuerpos desde la perspectiva de otros, generando vergüenza corporal, ansiedad y riesgos para la salud mental (Fredrickson & Roberts, 1997).

Crear espacios para hablar también es prevención

En Puerto Rico se ha comenzado a visibilizar este tema. La Ley Núm. 132-2023, por ejemplo, estableció el 30 de noviembre como el Día de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria y de la Ingesta de Alimentos, para promover la concienciación sobre estas condiciones (Puerto Rico, 2023).

Pero necesitamos ir más allá de la conciencia: necesitamos espacios accesibles donde podamos hablar y pedir apoyo antes de llegar a una crisis. Desde esta necesidad nace Cuerpx Solidaria, un grupo de apoyo virtual, abierto y libre de costo dirigido a personas que experimentan malestar en su relación con el cuerpo, la alimentación o la imagen corporal. No es necesario contar con un diagnóstico de TCA para participar.

Hablar, sentirnos acompañados y reconocer que muchas de estas vivencias son compartidas y producto de los mensajes socioculturales que recibimos, puede ser un gran primer paso. No tenemos que esperar a que el malestar sea «lo suficientemente grave» para saber que merecemos atención, acompañamiento y apoyo.

Agradecemos a la profesional del trabajo social colegiada Odalis Reyes Prado, MTS, por su colaboración con este escrito.

Referencias:

  • American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Association Publishing. https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425787
  • Arcelus, J., Mitchell, A. J., Wales, J., & Nielsen, S. (2011). Mortality rates in patients with anorexia nervosa and other eating disorders: A meta-analysis of 36 studies. Archives of General Psychiatry, 68(7), 724–731. https://doi.org/10.1001/archgenpsychiatry.2011.74
  • Deloitte Access Economics. (2020). The social and economic cost of eating disorders in the United States of America: A report for the Strategic Training Initiative for the Prevention of Eating Disorders and the Academy for Eating Disorders. Harvard T.H. Chan School of Public Health. https://www.hsph.harvard.edu/striped/report-economic-costs-of-eating-disorders/
  • Fredrickson, B. L., & Roberts, T.-A. (1997). Objectification theory: Toward understanding women’s lived experiences and mental health risks. Psychology of Women Quarterly, 21(2), 173–206. https://doi.org/10.1111/j.1471-6402.1997.tb00108.x
  • National Eating Disorders Association. (s. f.). Eating disorder statistics. https://www.nationaleatingdisorders.org/statistics/
  • Piran, N., & Cormier, H. C. (2005). The social construction of women and disordered eating patterns. Journal of Counseling Psychology, 52(4), 549–558. https://doi.org/10.1037/0022-0167.52.4.549
  • Puerto Rico. (2023). Ley Núm. 132 de 13 de noviembre de 2023, Ley del «Día de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria y de la Ingesta de Alimentos». https://bvirtualogp.pr.gov/ogp/Bvirtual/leyesreferencia/PDF/132-2023.pdf
  • Reyes-Rodríguez, M. L., Franko, D. L., Matos-Lamourt, A., Bulik, C. M., Von Holle, A., Cámara-Fuentes, L. R., Rodríguez-Angleró, D., Cervantes-López, S., & Suárez-Torres, A. (2010). Eating disorder symptomatology: Prevalence among Latino college freshmen students. Journal of Clinical Psychology, 66(6), 666–679. https://doi.org/10.1002/jclp.20684
  • Reyes-Rodríguez, M. L., Pérez, M., Murgueitio, J. N., Martínez Caballero, M., & Ortiz-González, J. C. (2023). Trastornos de la ingesta y de la conducta alimentaria en poblaciones latinas en el Caribe: Una revisión narrativa sistemática [Feeding and eating disorders in Latino communities in the Caribbean: A narrative systematic review]. Revista Puertorriqueña de Psicología, 34(2), 194–210. https://doi.org/10.55611/reps.3402.05
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