Un llamado a la profesión del Trabajo Social
La violencia no siempre comienza con un golpe. A menudo, empieza de manera más insidiosa: con el control, la vigilancia constante y el miedo que paraliza. Como profesionales del trabajo social, estamos en una posición única para identificar, nombrar y validar una de las formas más peligrosas y normalizadas de violencia: el acecho.
Este 18 de enero marca el Día Nacional de Acción para la Concientización sobre el Acecho, una fecha que nos convoca no solo a reflexionar, sino a actuar. El acecho es uno de los predictores más fuertes de violencia letal futura, y en Puerto Rico, donde estas conductas frecuentemente se entrelazan con otros delitos de violencia doméstica, nuestra intervención profesional puede salvar vidas.
La realidad del acecho: datos que no podemos ignorar
Las estadísticas son contundentes y revelan la magnitud de este problema. Una de cada cinco mujeres y uno de cada diez hombres experimentarán acecho en algún momento de sus vidas. El 80% de los casos ahora incorpora tecnología de vigilancia, desde aplicaciones de GPS hasta el monitoreo constante a través de redes sociales. Más alarmante aún: el 74% de las víctimas acechadas por una expareja también sufrió violencia física durante la relación.
En Puerto Rico, los números del 2025 reflejan una crisis que exige nuestra atención inmediata. Durante el primer trimestre del año se reportaron 1,833 incidentes de violencia doméstica, y hasta el 30 de noviembre se registraron 17 feminicidios. Detrás de estas cifras hay historias de mujeres y hombres que vivieron bajo vigilancia constante, que sintieron miedo cada vez que salían de sus casas, que recibieron mensajes amenazantes una y otra vez.
Nuestro rol como profesionales del trabajo social
Nuestra formación profesional nos prepara para ser apoyo en procesos de transformación social, y en el contexto del acecho, esto significa tres acciones fundamentales:
Nombrarlo. Muchas víctimas no reconocen que lo que están viviendo tiene un nombre y es un delito. Ayudar a identificar el patrón de conducta es el primer paso hacia la seguridad. En Puerto Rico, la Ley Núm. 284-1999 define el acecho como un patrón de conducta intencional, repetitivo y persistente que ocurre en dos o más ocasiones con el propósito de intimidar, perseguir o infundir miedo.
Validarlo. El miedo que sienten las víctimas es real y razonable. Como profesionales, debemos creer y validar sus experiencias, incluso cuando las conductas parezcan «menores» o cuando otros minimicen la situación.
Conocerlo para prevenirlo. Equiparnos con conocimiento actualizado sobre las señales de alerta nos permite intervenir efectivamente antes de que la conducta escale. Esto incluye reconocer el acecho facilitado por la tecnología, que se ha convertido en la forma más prevalente de esta violencia.
Herramientas concretas para la intervención
La Ley 284-1999 ofrece un remedio civil crucial que debemos conocer y compartir: las víctimas pueden solicitar directamente al Tribunal de Primera Instancia una orden de protección sin necesidad de presentar una denuncia policial previa. El proceso es gratuito y comienza con el formulario OAT 1230. Como profesionales del trabajo social, podemos orientar sobre este proceso o coordinar con organizaciones especializadas para el acompañamiento necesario.
La documentación rigurosa es fundamental. Debemos orientar a las víctimas sobre la importancia de mantener un registro detallado de cada incidente: fecha, hora, descripción, testigos presentes. Conservar toda evidencia digital: correos electrónicos, mensajes de texto, registros de llamadas, capturas de pantalla. Esta documentación se convierte en la base para demostrar el patrón de conducta necesario en procesos legales.
Un llamado a la acción profesional
Este 18 de enero, hagamos visible nuestro compromiso. Compartamos información en nuestras redes profesionales. Eduquemos a nuestras comunidades sobre las señales de alerta. Asegurémonos de informar a la ciudadanía de que el acecho es un delito y que existen recursos disponibles.
Familiaricémonos con los protocolos de intervención existentes y las líneas de ayuda disponibles. El Centro de Ayuda a Víctimas de Violación (CAVV) ofrece servicios 24/7 a través de su línea 787-765-2285 y su aplicación digital CAVV 24/7. La coordinación interagencial es esencial para una respuesta efectiva.
Como profesionales del trabajo social, no somos espectadoras pasivas ante esta realidad. Cada vez que nombramos el acecho, cada vez que validamos el temor de una víctima, cada vez que ofrecemos información sobre recursos disponibles, estamos desmontando la cultura del silencio que protege a quienes cometen estos actos.
La violencia puede comenzar con vigilancia y control, pero nuestra respuesta comienza con conocimiento, validación y acción decidida.
Información y recursos proporcionados por el Centro de Ayuda a Víctimas de Violación (CAVV). Para acceder a materiales educativos, guías de intervención, protocolos especializados y más información sobre este y otros temas relacionados con la prevención de la violencia sexual y doméstica, visite: https://cavvsaludpr.weebly.com/campantildeas-movilizaciones-y-actividades.html
Línea de ayuda 24/7 del CAVV: 787-765-2285