Con la llegada del nuevo año y el fin de la temporada festiva, los pasillos escolares vuelven a sus rutinas habituales: risas, mochilas y expectativas. Sin embargo, tras la algarabía de las celebraciones, muchas de las y los estudiantes regresan a las escuelas cargados de situaciones emocionales complejas que no siempre son visibles a simple vista. En el escenario escolar, la labor de las y los trabajadores sociales escolares es esencial ante las necesidades socioemocionales que estos presentan.
El impacto emocional de la temporada festiva
Según la Harvard Medical School, durante las fiestas se alteran las rutinas y los hábitos diarios, se intensifican las dinámicas familiares y, en algunos casos, se hacen más evidentes las desigualdades sociales o las tensiones en el hogar. A esto se suman presiones académicas, cambios en el entorno familiar, dificultades económicas y experiencias de duelo que suelen intensificarse en esta época del año.
Investigaciones han identificado que, durante los meses posteriores a las festividades, se incrementan los referidos escolares relacionados con la conducta, el estado de ánimo y las dificultades de adaptación. Estas presiones generan dificultades para la regulación emocional y repercuten en el bienestar psicológico. La desregulación emocional puede ser interpretada erróneamente como «mal comportamiento», ya que las y los estudiantes pueden manifestarla con irritabilidad, llanto y conductas agresivas.
El rol fundamental del Trabajo Social Escolar
Ante este panorama, las y los trabajadores sociales escolares desempeñan un rol clave en el acompañamiento socioemocional del estudiantado. Su labor va más allá de la atención individual; incluye la prevención, la intervención en crisis, la orientación a familias y la colaboración con equipos interdisciplinarios para garantizar un ambiente escolar seguro e inclusivo. Escuchar, validar emociones y crear espacios de diálogo se convierten en herramientas fundamentales para apoyar el bienestar integral del estudiantado.
El Trabajo Social Escolar promueve estrategias de resiliencia, fortalece redes de apoyo e intercede por los derechos de estudiantes que enfrentan situaciones de vulnerabilidad. En este inicio de año, su presencia resulta indispensable para identificar señales de alerta tempranas y ofrecer respuestas adecuadas a la diversidad de experiencias que conviven en la comunidad educativa.
Luego de la algarabía festiva, comienza una etapa que exige empatía, compromiso y acción. Reconocer que no todas las personas viven las fiestas de la misma manera es un paso necesario para construir escuelas más humanas.
Recomendaciones para madres, padres y tutores
El acompañamiento familiar es fundamental para las niñeces y juventudes en esta etapa de transición. Algunas acciones que pueden marcar la diferencia incluyen:
- Escuchar con atención y sin juicios, creando un espacio seguro para que expresen lo que sienten.
- Restablecer rutinas de manera gradual en los horarios de sueño y alimentación, facilitando la readaptación al ritmo escolar.
- Estar atentos a cambios en la conducta como aislamiento, irritabilidad o quejas físicas, que pueden ser señales de que necesitan apoyo adicional.
- Validar emociones y reconocer que sentirse cansado o triste es parte del proceso de ajuste al diario vivir.
- Mantener comunicación con el o la profesional de Trabajo Social y solicitar su apoyo como una acción preventiva y responsable, permitiendo atender las situaciones a tiempo y de manera integral.
En este proceso, las y los trabajadores sociales escolares continúan siendo un pilar fundamental para acompañar a las niñeces y juventudes en sus nuevos comienzos, recordándonos que el bienestar emocional también es una prioridad educativa.
Agradecemos a la Dra. Maritza Robles Rivera, integrante de la Junta Directiva del CPTSPR, por su colaboración con este escrito.